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martes, 15 de marzo de 2016

GOTITAS DE CRISTAL BY// DAMELYS MARÍA MARTÍNEZ ROSILLO

GOTITAS DE CRISTAL
by//Damelys María Martínez Rosillo

En el país de la lluvia, hay gotitas de agua envueltas en trajes de encajes que las niñas usan para salir con sus padres. Trajes que llegan a las rodillas, botas plásticas para no ensuciarse con el lodo que salpica. Sus abrigos casi nuevos, ahora tienen figuras geométricas de los pirineos, rostros redondos y rosados por la gelidez ambiental.

Miles de niños caminan de la mano de sus padres para cruzar las fronteras, miran letreros con mensajes con filigranas desconocidas, otros idiomas, otras culturas, pero las gotitas de lluvia no son iguales a las que dejaron allá detrás, en este lugar son más frías, parecen ojos mirando sus sonrisas y sus trajes.

Gotitas transparentes, semejan diamantes grandes y pequeños, brillan al trasluz de los faros que alumbran las calles para que la oscuridad no reine. El sol sale como escondido entre las grandes nubes grises. 

Las luces emergen victoriosas dando los buenos días a los caminantes que han dejado atrás los muros roídos, y el desamor.

Gotitas que se siembran en las hojas pequeñas de la hierba que mira el cielo desde su quietud. Gotitas como estrellas fugaces que se derraman por el subsuelo, buscando encontrar las raíces de los árboles y arbustos que nacerán en primavera.

La niña sonriente se acerca a las gotitas, y pasa sus manos delicadas y pequeñas por las bellas hojas de las flores convertidas en pétalos aterciopelados.
Observa con sus ojos brillantes, las diamantinas gotitas plateadas que refulgen por el agua pura del exterior.

Toma las otras gotitas y las coloca en sus manos cerradas, hace un vaso de cristal de cuarzo y la bebe, sabe a rosa, a chocolate batido con leche, que otrora tomaba constantemente, para que sus huesos se fortalecieran con las vitaminas de la fórmula láctea, pero ya no la tiene. ¡No la tiene!

Las gotitas de lluvia sirven para elaborar dulces escarchados con azúcar, y frutos almibarados en potes caribeños a la luz solar.
La niña sonríe porque le gustan sus chucherías. Son deliciosas con pan casero hecho con otra fórmula enriquecida para que su desarrollo físico, mental y de felicidad interior, se aglomeren en su cuerpo que necesita alimentarse para crecer sana, pero ya no lo tiene. ¡No lo tiene!

Han venido desde lejos, la harina y la leche, las caraotas y demás granos, pero a su casa no llegan.
¡No llegan!

Las gotitas de agua ahora son de un líquido negro que se convierte en petróleo, y su riqueza compra el ganado, pero ¡No llega! ¡No llega!

¡No hay envases!
No hay envases dónde echar las miles de toneladas de leche compradas a los sureños, a los expatriados, a los lingüines, a los profiteroles, a todo el mundo, ¡pero no llegan!

Las gotitas de agua salpican de alegría en el rostro de la niña, están escondidas, temen salir, porque las decorarán con el oro del arco, oro escondido y guardado que se quieren llevar.

La niña le pregunta a Papá Dios: ¿A dónde iremos belleza aqual? ¿A dónde brillaremos? 

La niña se encoge de hombros y sigue tomando su agua de los plantíos, agua brillante que se convierte en nueva nación, nuevo país.

martes, 24 de diciembre de 2013

UN CUENTO DE NAVIDAD by//DAmelysMaríaMartínezRosillo


JESÚS Y SU ABUELO JACOBITO
UN CUENTO DE NAVIDAD
By//DamelysMaríaMartínezRosillo

Jacob es un anciano que vive en Nazaret. Su sabiduría es hermosa, todos sus nietos lo llaman "papa bue", pero, su último nieto, Jesús, lo llama "abuelito Jacobito", por esa razón, Don Jacob, guarda un aprecio profundo hacia él y le enseña a vivir para la vida. Los niños a la hora de la cena, se sientan en una larga mesa alumbrada con siete velas hermosas que nunca se apagan, siempre están encendidas con un tenue olor a mirra e incienso silvestre.

La familia disfruta cobijada bajo el suave calor que brota de la chimenea, ubicada en el gran salón de la casa, hecha con barro de arcilla rojiza, contrastando con el blanco perla de las paredes. Comen entre grandes anécdotas relatadas por José y Jacob. Los niños oyen atentamente las historias, mientras los pequeños bocados deleitan sus paladares con carne asada en vara, y vegetales horneados en el fogón grande de la cocina. Al rato, entre bromas terminan de comer y se retiran al portal de la casona a terminar las historias para luego irse a dormir, porque se paran muy temprano a realizar las jornadas del día, los grandes al trabajo, y los niños al colegio.

Ese día de abril, el niño Jesús vino corriendo de la escuela cercana a su casa, en la que estudiaba, junto a todos los varones del pueblo, que tenían su edad, 12 años, entró jadeante al gran portal en el que reposaba la familia, planificando las tareas de todos. María y José, hablaban con Jacobo, padre de José, quien escuchaba atentamente, sobre el nuevo sistema de riego que implementarían para nutrir las plantas del huerto familiar, repleto de plantas alineadas, un lugar hermoso, en el que invertían un tiempo intenso porque era su sustento económico. Las cosechas las vendían y una parte correspondía a la familia, los olivos estaban del lado derecho, las vid, del lado izquierdo, y al centro, tomates, pimientos, pepinos, entre otros.

Todos levantaron la mirada cuando Jesús entró al sitio, jadeante, dijo ¡Abuelito, abuelito Jacobito!, necesito que me ayudes, se acercó al abuelo y le miró de frente. El abuelo Jacob, le preguntó-¿en qué te puedo ayudar, querido nieto? -Me mandaron a hacer una tarea. Debo ir al mar a pescar un pez azul, ¡un pez azul!, debo tenerlo para mañana, para prepararlo y llevarlo en una pecera. Don Jacob, le acarició, el rostro y sonrío. Le dijo- ¡está bien!, ¡vamos, después de la siesta! ¡A las 3, exactamente!

Todavía con los ojitos recién despiertos por la siesta dada, Jesús, se dirigió a la playa cercana, con su abuelito Jacobito, y le tomó la mano derecha, en la otra llevaba una pequeña red que había tejido con él. Esa era una de las enseñanzas que su abuelo le había regalado, le enseñaba de agricultura sobre cómo sobrevivir en el desierto, cuáles plantas son comestibles y cuáles no, le hablaba de los espejismos que tenían los hombres al atravesar el desierto, de las noches frías que pasaron sus tatarabuelos en la larga travesía del Éxodo, del sol candente que hacía laceraciones profundas en la piel,  le hablaba del "Gran Yo Soy", cuando se reveló a Abraham, le contaba del maná al caer del cielo y de la nube inmensa que el Señor mandó a ellos para que se protegiesen de los rayos ultravioletas, le enseñaba el Salmo 119, para que aprendiera a tener plenitud con la Gran Deidad de Dios. Le hacía énfasis en que entregará su amor siempre a Dios, que le amara con todo su corazón, con su mente, con todo su ser de niño. Por todas esas cosas, Jesús amaba a su abuelo, le amaba de gran manera y su comportamiento con él era maravilloso porque le prodigaba amor.

Caminaron hacia la playa cercana, la arena brillaba como diamante, asomaban las puntitas de caracolas marinas, había una quietud reinante en el lugar, todo estaba en calma, abuelito Jacobito se sentó en la orilla de la playa con su bañador puesto, blanco de franjas azules, le dio instrucciones a su nieto, para que lanzara la red, una vez, dos veces, tres veces, n veces, los intentos fallidos, y el abuelo sonreía, al ver a su nieto sonrosado por la bella luz del sol que a esa hora estaba en su poniente más alto, 3 y media de la tarde, a lo alto, pocas nubes cirros y limbos, alcatraces, gaviotas iban y venían, pequeñas barcas a lo lejos tirando sus redes a la espera de recoger los cardúmenes completos. El mar iba y venía con estilo, como el mejor de los caminos bordados por el oleaje blanquecino en las crestas de las olas. 

Jesús continuaba su faena, lanzó la red al mar nuevamente a escasos metros de su abuelo, espero algunos minutos, respirando el olor del bendito mar, el mar de Israel, ese mar del cual estaba enamorado y que le hablaba con los regalos que le daba, haló la red lentamente, hasta que vinieron atrapados en sus cuadrados, varios peces, y fue cuando le vio, un pez azul, ¡un bello pez azul! con sus aletas envueltas en el agua, quería salir, pero, sus manos fueron más ágiles, hasta que por fin, lo atrapó y lo echó en la pequeña canasta de hilo de juncos y bambú, del que crecía a orillas del Jordán, el abuelito Jacobito, miraba, no se le escapaba ni un detalle, reía y disfrutaba feliz, viendo las peripecias de su pequeño nieto, quien sorprendido de su hazaña habilidosa, arrastraba la pequeña red con sus manos a la orilla donde estaba su abuelo, con su bañador chorreando agua, y su cuerpo que ya empezaban a mostrar la musculatura de adolescente, sonreía feliz.

Su abuelo le recibió con la mejor de las sonrisas, ¿te das cuenta?, ¡qué si puedes!, ahora vamos a casa a preparar la pecera para el pez, caminaron rápidamente, el pez iba en la canasta con un poco de agua, ¡la suficiente para vivir! Jesús, llevaba en la mano, un recipiente con agua del mar para preparar la pecera.

Llegaron a la casa, cansados y María les ofreció té frío, recién hecho con limón del huerto familiar, buscaron una vasija de barro echaron el agua y el pez, algunos trozos de algas, le conectaron una pequeña manguera para que se produjera el oxigeno en el agua, el pez empezó a nadar, lo colocaron sobre la mesa, y allí lo dejaron, cada cierto tiempo, Jesús se acercaba para ver el funcionamiento y se decía, ¡Gracias, Padre!, porque el pececito vive, y así podré cumplir con mi tarea.

Al día siguiente, la familia se levantó y corrieron todos a ver el pez azul, y tenía dos acompañantes, dos bellos pececitos en miniatura, acompañaban al grande, el grupo empezó a danzar y a cantar, dando gracias a Dios, por ese milagro.
Jesús, se bañó, se vistió y se fue a la escuela, su padre, José, le acompañó hasta la puerta del salón de clases, y se acercó a saludar al maestro que estaba sentado en una silla giratoria, los niños entraron al salón de clases, y José se marchó, le dejó a Jesús el almuerzo y unas monedas para comprar chucherías a la hora del receso.

Al iniciar la clase, uno a uno, fue contando su experiencia para atrapar los peces. Al iniciar, Jesús, su narración, un halo de luz inundó la sala, el niño prosiguió con su relato, y todos le aplaudieron, porque su pez se había multiplicado, al cerrar su exposición, el maestro, le evaluó y sacó 10 puntos, la máxima nota, Jesús, agradeció a todos por lo que había aprendido. 

Al finalizar la jornada del día, los niños salieron en tropel, y afuera, estaban sus familiares esperando por ellos, el abuelito Jacobito, esperaba entre la multitud a su nieto, lo vio salir del salón con dos compañeritos, se dirigieron a su abuelo, y le dijo ¡abuelito Jacobito!, ¡Gracias, por enseñarme a pescar! ¡Te amo, abuelito!. Las peceras fueron devueltas para que los peces volvieran al mar, ¡los que lograron sobrevivir! y los pececitos azules estaban todavía vivos, fueron corriendo al mar y los echaron nuevamente en él. 

Jesús, con sus amiguitos y el abuelo, regresaron a sus casas a descansar, luego del trabajo realizado, contándoles a sus padres lo que habían vivido, unas experiencias inolvidables.



domingo, 21 de julio de 2013

CONCUENTOS.BLOGS.COM: UN CUENTO PARA CAUTIVAR...AL NIÑO, BO LÁREZ...

CONCUENTOS.BLOGS.COM: UN CUENTO PARA CAUTIVAR...AL NIÑO, BO LÁREZ...: AL NIÑO, BO LÁREZ by// Damelys María Martínez Rosillo Bo, así le llamaban sus amigos, de niño era un gran hombre que soñaba con est...

UN CUENTO PARA CAUTIVAR...AL NIÑO, BO LÁREZ...

AL NIÑO, BO LÁREZ
by// Damelys María Martínez Rosillo


Bo, así le llamaban sus amigos, de niño era un gran hombre que soñaba con estudiar medicina, pero la vida, le mostró otro camino, el de la química. Era el tercero de su gran familia. Soñaba que sería un gran pelotero, y fue un excelente arrimador en las bolas criollas. 

Una vez, hizo un papagayo y lo amarró a una pelota con hilos, lo voló tan alto que se le escapó de sus manitas pequeñas, adoloridas de tanto trabajar en la salina y, de buscar leña para su abuela. Al soltarlo, fue a parar lejos, corrío veloz para encaramarse en la pared de la vecina y así alcanzar el hilo que pendía de la mata de mango que estaba cerca del paredón y poder seguir con su juego elevando el papagayo, lo más alto posible, en ese sueño, se le escapaban suspiros de amor, hacia una amiguita que tenía en el colegio, llamada Rosita, a quien Bo, amó en secreto. 

A veces, se escapaba con su rin de bicicleta y su palito envarillado que sostenía rodándolo por todo el centro de la calle Rafael, en pleno chaparrón. Hacía hermosas piruetas con sus pies audaces, llenos de callos de andar descalzo, y su pantalón roído con un nudo en la cintura, se le caía a veces, de su estrecha cintura. 

Era muy delgado y pequeño para su edad, de tanto comer tamarindo con azúcar, bolítas de coco, arroz con coco y bananos enanos, prefería comer eso, antes que la sardina frita con arepa, que seguro encontraba en el fogón a cada regreso de la escuela.

 Bo, era un niño muy alegre, a todos contagiaba con su alegría, jugaba beisbol para su equipo escolar. Una vez metió un jonrón, que fue a parar a casa de su amigo, Marcos la Rosa, y  rompió los vidrios de la ventana de su casa, su abuela Rita, tuvo que pagar la rotura. Tenía una mirada desafíante, que despertaba pasión en las carreras que daba. A veces, cuando hacía no hit, no rum, sus compañeros lo levantaban, hacían un círculo que lo rodaba a él y él al círculo, por todo el estadio, y así, lo llevaban cargado hasta su casa, mientras él, sonreía feliz.

Bo, amaba mojarse con la lluvia, cuando llovía, llamaba a todos sus compañeritos para correr con los aros de bicicleta por toda la calle principal, porque le encantaba verse sumergido hasta la cintura en esas alcantarillas llenas de agua viva, a veces, tenían peces que se escapaban del mar cercano, por el mar de eleva que hacía, ellos dejaban a un lado, los aros y con los palitos ensartaban las anchoas, las sardinas, las lisas y los tajalíes que encontraban por el camino, se los metían en los bolsillos y luego se aparecían en sus casas con la cena fresca.

 En días de sol, aprovechaba para ir a la salina que quedaba en las afueras de su pueblo, una sabana salada, que en vez de hierba tenía una capa de sal abrillantada que resplandecía como bellos diamantes en pleno mediodía. Allí, trabajaba y ayudaba a las señoras que le pagaban medio real, por su trabajo, o le daban un pescado frito con una arepa y tajadas fritas, con aguacate morado, el mejor que hay en las tierras playeras.

La niñez de Bo, transcurría entre ir a la escuela, los paseos a la playa, a buscar mejillones, guacucos y chipichipes que luego los preparaban guisados. En ese tiempo, esas eran las cajitas felices de los niños. Tenía otros juguetes que compartía con sus amigos de la cuadra, los trompos, el boliche, el currufío, las metras o pichas como le llamaban, a las canicas de vidrios que vendían a locha, en la mayoría de las bodegas del pueblo.

Una tarde lluviosa, del mes de agosto, próximo al cumpleaños número 13 de Bo, cayó un aguacero hermoso, que trajo, una gran feria al pueblo, vendían, un cono con una bolita arriba, llamados "barquillas", un algodón blanco y rosado acaramelado que colocaban en un pequeño pañuelo de papel que se deshacía en la boca con solo pegarle un suave mordisco,  y muchas cosas más. 
Los atractivos de la feria eran los trapecistas que danzaban en las alturas con unas cuerdas aseguradas en el techo, vestidos con trajes brillantes, y los animales, monos, leones dentro de las jaulas, en una había un tigre sable con los colmillos tan afilados que medían 25 centímétros, sobresalían de sus maxilares.

Bo, al observar esa notoriedad tan multivariada, pensó en irse con los trapecistas para cuidar a los tigres sables y aprovechar en comer todo el algodón que quisiera, le planteó la idea a su abuela, muy serio, y, le dijo: _¡ abuelita, quisiera irme a trabajar en ese circo!_ La abuela no lo pensó dos veces, agarró, una rama de tamarindo, le quitó las hojas, y le dijo, ¡ah, con que esas tenemos!, que el mozo se quiere ir, ¿a dónde vas a ir, si no tienes un título, si, apenas eres un niño de 12 años?, le respondió, preguntándole a la vez. Y le enseñaba el chaparro. Èl, le respondió con respeto y humildad: ¡Si, abuela!, tienes razón, ¡cuando sea grande, que ya tenga como trabajar, me iré de casa.!

Asi, Bo, inicia sus estudios en el gran liceo de la ciudad, conoció cada una de las asignaturas que le presentaban, se esmeró en estudiar, durante sus cinco años de bachillerato, ya, no jugaba baseboll, ni corría con el aro de bicicleta, ni se bañaba con la lluvia, ni jugaba papagayos, sólo pensaba en estudiar, y hacerlo lo mejor posible.

Más adelante, el joven Bo, estudiaría Química, y prepararía a los mejores médicos que pasarían por sus manos, les enseñaba tanto, el origen de la química, la alquimia, que sus alumnos quedaban sorprendidos de su gran sabiduría, porque todo él era un compendio de ciencias, desde la matemáticas con su exactitud, hasta las ciencias naturales, la bioética, la biología, la físico química, la química analítica y pare usted de contar.
Bo, ya hombre tuvo, grandes amigos y una hermosa familia que dejó para ir a encontrarse con Papá Dios, para seguir jugando en el cielo. Su alma era como la de un niño.

jueves, 23 de agosto de 2012

CUANDO MELITA CUMPLIÓ 7 AÑOS// by Damelys María Martínez Rosillo

CUANDO MELITA CUMPLIÓ 7 AÑOS//by Damelys María Martínez Rosillo
                                                                                                                                                                           
Melita estaba de cumpleaños, ese día de julio su personalidad se mostraba hermosa, aunque no tenía un vestido nuevo y hermoso que ponerse para celebrar su cumpleaños, y sus zapatos negros, estaban desgastados en las puntas, cada día se levantaba con una alegría y un gozo en su espíritu, fruto de tantas bendiciones que recibía de sus padres.     

 Una de sus hermanas mayores, Celia, le hizo una torta bella, de piña con trozos dorados arriba, al cantarle cumpleaños, su rostro expresaba una gran emoción, estaba enrojecido de tanto amor, al soplar las velitas, con mucha delicadeza, se reía y estaba muy contenta, fue a buscar a su amiguita Eglis que vivía cerca, para compartir su torta con ella.
                                                            
Su cabello negro, lacio, se lo recogía en una "matica de coco", ese era su peinado favorito, porque le despejaba su rostro hermoso, sus mejillas rosadas y bronceadas por el sol de las tres de la tarde, tomado de tanto caminar para ir a su escuelita, como ella le decía. Quedaba a tres cuadras de su casa.  

Así, que ese día de cumpleaños, esperaba recibir muchos regalos. Uno, fue que al caer la tarde, hicieron una verbena cerca de su casa y Melita, se escapó de casa para ir hasta allá, porque pensaba que con siete años ella, era mayor de edad,  solo cruzó la calle,  en la reunión que hacía uno de los vecinos, presidente del club social, llamaron a los niños y niñas que tenían talentos, se montó en el escenario, y recitó una poesía, "Los zapatitos me aprietan, las medias me dan calor y el beso que me da mi madre, lo siento en mi corazón", su padre, que era muy estricto, al oírla, se molestó porque se había ido sin permiso.  

Melita, regresó a casa corriendo, porque era demasiado ágil, intrépita, voluntariosa, con una sonrisa de alegría y triunfo, cuando llegó a su casa, su padre, le hizo un llamado de atención, porque se había salido sin permiso.
El segundo regalo que recibió fue una moneda de plata de cinco bolívares que era una fortuna en esa época, de manos de su primer hermano, el estudiante de economía.
                          
                                                                                                                                                                   Era una niña muy preguntadora, preguntaba por qué su papá trabajaba,  por qué el sol sale de día y no de noche,  por qué a su  mamá le crecía la barriga, por qué tenía tantos hermanos, por qué eran unos grandes y otros pequeños, en total eran 11 hermanos 5 grandes y seis pequeños, ella era la novena de todos. 

A veces, tenía tantas preguntas en mente que atiborraba a todos los que andaban a su alrededor y recibía pocas respuestas, porque ella, removía muchos recuerdos y a veces a los adultos le causaba molestia responder, por lo que decidió, ella misma responderlas. 

Una de esas respuestas fue, que a su madre le crecía la barriga porque comía mucho, y engordaba, otra, que el sol no podía salir de noche porque era muy bello y de noche la gente duerme y no apreciarían su belleza.

Cuando iba a la escuelita, a la maestra le preguntaba tanto que tenía que estudiar para poder responder a sus interrogantes, porque veía a sus hermanas mayores prepararse para las exposiciones que hacían, estudiaban para ser maestras en la Escuela Normal y al revisar los libros de agronomía de Pepé, el hermano segundo que ya se había inscrito en la universidad de Maracay, y el otro mayor, estudiaba Economía e Inglés.

A ella le gustaban más los libros de Agronomía, Geografía, porque veía las plantas, los planetas, en fin crecía en un ambiente de libros, y más libros. 

Esa noche se acostó satisfecha por todas las bendiciones recibidas, así que, al siguiente día se levantó con más entusiasmo que nunca porque ya tenía siete años e iba a hacer grandes hazañas, le contaría a sus amiguitos y amiguitas en el colegio, todas sus aventuras del día de cumpleaños.

Valores en el cuento.
  •  Amor a la familia.
  • Deseos de superación.
  • Amor a Dios.
  • Solidaridad.
  •  Amistad.
  • Crecimiento personal.
  • Autoestima


                                                                                                                                                   
                                                                                                                                                                   


lunes, 13 de agosto de 2012

PITA, LA NIÑA DE LAS MEDIAS ROTAS//UN CUENTO DE SOLIDARIDAD.BY DAMELYS MARÍA MARTÍNEZ ROSILLO

PITA, LA NIÑA DE LAS MEDIAS ROTAS
//BY DAMELYS MARÍA MARTÍNEZ ROSILLO 

Pita es una niña de 7 años y es feliz. Tiene una familia bonita, papá, mamá y dos hermanitas Luisa Elena y Anabel. Son menores que ella, se quieren mucho, Luisa Elena tiene 6 años y Anabel, cinco.
Su madre, Anabel es muy cuidadosa con ellas, siempre andan muy lindas con sus cabellos bien peinados y arreglados. Su padre, Miguel, trabaja todos los días de taxista, en la ciudad de las habichuelas, Ciudad Castilla.

Al salir el sol, cada día, su padre entra al cuarto y las levanta con un beso a cada una, y les quita las sábanas, para que no sigan durmiendo, así van tempranito a su escuela. Ese día, es domingo y saldrán a comer. 

Todos los domingos, es una fiesta familiar, se van a almorzar a un parque que queda en los alrededores de la ciudad, "Restaurant al Aire Libre", así se llama. Sus padres, preparan una parrillera que hay en el lugar, luego, sacan de su carro unos trozos de carne grandes, para asar, con yuca blandita y una salsa de vegetales molidos en la licuadora, perejil, cilantro, ajo, un poco de sal y vinagre. Unos cuantos refrescos de limón, hechos, también en casa y una botella de agua fría para que las niñas beban.

Anabel y Miguel preparan la parrilla,  las niñas juegan a la pelota, se montan en los columpios, y luego, van y toman agua, para retornar al juego, mientras está la comida.

Sus padres amorosos y sonrientes  tienden un mantel sobre la grama verde claro, verde oscuro, con un fresco olor a hierba recién cortada porque al parque lo mantienen bien fresco y bien limpio.

Mientras, juegan a Pita se le rompen la medias, y va corriendo a decirle a su mami: ¡mami! las medias se me rompieron. 
Anabel, le responde ¡mañana te compro otras! Pita volvió con sus hermanitas a la zona de juegos. Las niñas siguieron jugando, al poco rato, fueron a comer sentadas comiendo en silencio, saboreando la rica comida que sus padres habían hecho.

Luego, se acostaron sobre la grama, a descansar. Pita estaba preocupada porque solo tenía ese par de medias para llevar al colegio, porque su padre ahorraba mucho, para adquirir la casa que quería regalarle a sus hijas. Y sólo le compraban ropa en diciembre, y era marzo. Así, que no quería sacar en aseo personal y presentación,  mala nota, a la hora de hacer la evaluación mensual en el boletín.

Pensaba cuando llegara a su casa, lavaría las medias y las colgaría detrás de la nevera para que se secaran y estuvieran listas al otro día para ir a la escuela. Así que, no quiso seguir jugando. Al rato, sus padres dijeron, ¡niñas, vengan, nos regresamos a casa!.

Volvió con sus padres y les dijo, ¡mami, cómprame las medias mañana, para ir al colegio!. Su madre le respondió que ¡sí!, así que fue a sentarse en el carro, más tranquila.

Al siguiente día, buscó sus medias y se las puso, y notó que ya no estaban rotas, pensó que su mami las había cosido. Y le preguntó, ¿mami, tu cosiste mi media? y, le respondió,¡ no, hija, no la cosí!.
Se fue a la escuela y le contó a su maestra todo lo que había pasado, al realizar la actividad del día, hizo su texto escrito y contó allí la historia completa, al pasar a leer delante de sus compañeros, todos se rieron por lo cómico de la situación, pero, había un compañero llamado Said, su padre tenía una tienda y al siguiente día, le trajo un par de medias nuevitas, metidas en una caja rosada con tres bombones de chocolate, y sus compañeritas, recogieron dinero entre todas y le regalaron una docena de medias.

 Ese día Pita, no lo olvido nunca, al ver que su compañero, y amiguitas habían traído regalos para ella. Se puso muy contenta y sacó en su boletín A en Aseo Personal y Presentación.

Valores en el cuento.

Amor a la familia.
Amor a los padres.
Deseos de superación.
Autoestima.
Solidaridad.
Armonía.








 


  


miércoles, 1 de agosto de 2012

UNA CASA, UN REFUGIO DE AMOR// BY DAMELYS MARÍA MARTÍNEZ ROSILLO

MI CASA BELLA// DAMELYS MARÍA MARTÍNEZ ROSILLO

JUANITA VIVE EN UNA CASA BELLA CON SUS PADRES MARTA Y PEDRO.

SU PADRE CON EL AHORRO DE TODA SU VIDA LES COMPRÓ UNA CASA BELLA.
CON GRANDES JARDINES Y CON TECHOS A DOS AGUA, PARA QUE CUANDO LLOVIERA LA LLUVIA CORRIERA Y SE FORMARA UN RÍO HASTA EL JARDÍN, ASÍ, LAS PLANTITAS Y LOS ÁRBOLES SIEMPRE ESTARÍAN VERDES.

PEDRO, SU PAPÁ, VENDE FRUTAS EN EL MERCADO.
NARANJAS  MANDARINAS, DE CARIPE, EL GUACHARO, MELONES DULCES, TRAÍDOS DE LA COSTA DE PARIA, PATILLAS, TAMBIÉN DE LA COSTA DE PARIA, DONDE HAY UN SOL TAN HERMOSO QUE SUS FRUTAS SON LAS MÁS DULCES DE LA ZONA.

JUANITA DESPUÉS QUE HACE SUS TAREAS, AYUDA A SUS PADRES A LAVAR LAS FRUTAS, Y A ACOMODARLAS EN LOS GUACALES PARA QUE TENGAN UNA EXCELENTE PRESENTACIÓN.
AL TERMINAR, SUS HERMANITAS MÁS PEQUEÑAS KATYNA Y BETTINA, LA ESPERAN EN EL JARDIN PARA JUGAR.

ELLA, ES UNA NIÑA MUY APLICADA, ANTES DE PASAR A SU QUINTO GRADO, HACIA SUS TAREAS DESARREGLADAS, PERO SU PAPÁ, LE DIJO QUE SI SUS TAREAS ERAN BONITAS LE REGALARÍA UNA BICICLETA, ASÍ QUE ELLA, SE PUSO A ESTUDIAR MUCHO Y AHORA ERA EXCELENTE EN SUS ESTUDIOS.

JUANITA SE ACUESTA  A DORMIR TEMPRANO PARA IR A LA ESCUELA PUNTUAL.
SU MAMÁ MARTA LE PREPARÓ UNAS AREPAS CON QUESO TELITA Y MANTEQUILLA Y UN JUGO DE MELÓN DE LAS FRUTAS QUE QUEDAN DE LA VENTA.

JUANITA METIÓ SU DESAYUNO EN SU MORRAL PARA COMPARTIRLO CON SUS HERMANITAS EN EL RECREO.
JUANITA REGRESÓ CONTENTA DE LA ESCUELA PORQUE PRONTO ESTARÁ DE VACACIONES.
HIZO TODAS SUS TAREAS Y SACÓ A EN TODAS SUS ASIGNATURAS. A EN MATEMÁTICA, A EN CIENCIAS, A EN LENGUAJE.

Y SUS PADRES LE REGALARON UNA BICICLETA.

VALORES EN EL CUENTO
AMOR A LA FAMILIA.
AMOR A LA ESCUELA.
AMOR A LOS ESTUDIOS.
DESEOS DE SUPERACIÓN.
AMOR A LOS HERMANOS.